Bueno, todos saben lo que es tener un mal día, tener un buen día, o simplemente tener un día más a cuestas, sin ninguna otra descripción que agregar. Por supuesto que hay otras categorías no tan comunes si no más bien excepcionales que son las que se podrían catalogar como "días impresionantes" y "días muy depresivos", por llamarlos de alguna manera. En estas categorías también hay variantes, lo "impresionante" puede ser muchas cosas así como lo "depresivo" también lo puede ser en muchas formas. Y dentro de toda esa categorización de los días que no sirve para nada pero me permite tomar una base para mi argumentación, hay unos días que decididamente se encuentran entre los más molestos de todos, así como sus contrapartes podrían llegar a ser los más hermosos de todos. Son esos días que no son "depresivos" ni "impresionantes". Son los días en que las cosas, sean buenas o malas, se apilan una tras otra a lo largo de la jornada. Como si fueran un maldito designio de alguien con más poder que uno y no se tratara de nuestro propio jefe. Bien, en particular y si tengo que ser franco con Uds., hoy fue un día de los molestos, o sea, de los "depresivos-repetitivos".
¿Observaron alguna vez cuando se levantan, que a la media hora de estar fuera de la cama ya saben que va a ser un día positivamente "malo"? ¿Sea porque se cortó la luz y no tuviste tu ducha cálida y confortante, o porque te cortaste cinco veces al afeitarte, o quizás alguien creyó que tu teléfono puede resistir un millón de timbres antes de descomponerse y no funcionar más por una semana y para colmo, a las 6 de la mañana? ¿Quién no querría matar a alguien por algo así?Luego, salís muy apurado por la avenida que generalmente es la más rápida, esperando que al ser tarde (porque además, estás llegando tarde) esté un poco más despejada y se pueda conducir tranquilo hasta la oficina y confirmás lo que no es ninguna novedad pero que de todos modos te lleva a enervarte: hay tanto tráfico como a cualquier hora del día, lo que te hace pensar: "qué de gente dando vueltas sin ningún objetivo fijo y como que al pedo para decirlo claro." Y justo cuando vas en esas cavilaciones, encajetado en ese río sin sentido, alguien te detiene con un pito de lo más marcial, a la shockeante velocidad de 45 kilómetros y dice que vas muy rápido y te aplica algo así como un palo en el culo pero de una manera invisible y a treinta días (se traduce como multa), eso si no decidís que podés pervertir al individuo en cuestión (si es que se lo puede pervertir más de lo que está) y coimearlo.
Ok, de todas formas, todo eso se puede superar. No en vano pago un club de muy alta calidad para quitarme las malas vibras, practico el yoga y en la oficina tenemos las paredes pintadas de un color elegido por un decorador llamado "Paul-el-ergonomizador-del-alma", quién nos dice que gracias a su elección, trabajaremos más felices, produciremos más, no tendremos inconvenientes con nuestros compañeros, etc., etc. Permítanme ser cínico y vayan y tiren una plegaria en la tumba de la compañera Silvana. La compañía le dio una buena plata a los medios y no se publicó nada pero esa chica tuvo un negocio no del todo feliz con el jefe anterior y terminó enterrada en el fondo de una gran mansión en el Este, es decir, en la zona estival, de otros, no de ella. Ahora, esto que les acabo de decir es confidencial así que no lo anden desperdigando por ahí.
En fin, así que llegar un poco tarde qué importa. Tengo el color de la oficina, mis pastillas de vitaminas, el agua mineral levemente gasificada y las galletitas "Ser" que son deliciosas y envigorizantes más la maravilla de poder contemplarle el orto a la nueva telefonista que dicho sea de paso, espero que dure más de treinta días, y si pasa los treinta días es porque se sentó en la vara de nuestro amadísimo y degenerado jefe. Sin embargo, al trasponer la puerta algo está mal. Lo noto y no hay color que valga, ni espejos que reflejan mi hermosa imagen adornada con la última colección de traje, zapatos y perfumes y que ocupan toda una pared. Ni siquiera los cuadros originales del último pintor de moda francés que son una porquería de enchastre pero están "re-cool".
Primero la recepcionista, que me da los buenos días como con pánico, como si temiera que le pegue alguna suerte de infección mortal. Luz amarilla, y ya me di cuenta que algo no está bien. Llego al ascensor, las personas son apenas conocidas pero me saludan con más distancia de la acostumbrada. Se podría decir que ahora la luz amarilla está cambiando a naranja y siguiendo expreso para el rojo infernal y pesadillesco. Así que cuando arribo a mi piso -decimo primero para ser exacto- y la puerta del ascensor se abre, no puedo menos que ver lo que efectivamente me está esperando: todas las caras de todos los escritorios volcadas dramáticamente hacia mi (hagan un zoom-in en mi jeta por favor). Esto dura una fracción de segundo, el tiempo se congela (yo también) y cuando finalmente doy el paso adelante respirando hondo, todos los demás regresan torpemente y con cautela a sus monitores, teclados, teléfonos, agendas electrónicas, celulares, revistas del corazón, picazones en lugares indecentes, etc.
Hay un momento en que uno deja de esquivar un problema y finalmente decide enfrentarlo. Seguramente va a terminar mal, aunque también es posible que todo salga bien, pero uno tiene la certeza de que al menos, luego va a poder respirar tranquilo. Entonces, no es del todo desastroso el hecho de que ni bien me siento en la cómoda y ergonómica silla, apoyo las manos en el también ergonómico teclado y miro hacia el monitor que está "a la altura de tu eficacia" suene el teléfono y una voz más bien quejumbrosa me diga: "Roberto quiere hablar contigo." Vamos para adelante entonces.
Roberto, Roberto, Roberto. Por si ese nombre a Uds. no les dice nada, a mí me lo dice todo. Es el nombre de nuestro venerado jefe. Aquel que tiene el poder de ponernos en las nubes o bajarnos hasta el más candente infierno, lo que significa en escuetas palabras, ser un desempleado, descastado, inútil, un condón usado, etc. Si al menos fuera mujer podría intentar alguna de esas estrategias que tan bien sé usar y proponer un desparramo en su hermosa y larga mesa de caoba, pero al degenerado este no le van los hombres o al menos eso es lo que creo, así que miro al monitor esperando que me diga algo, aunque sea un apoyo, un emoticon de esos pelotudos del MSN y después de darme cuenta de lo estúpido de mi pretensión me aliso el pelo, me arreglo la corbata y salgo a encontrarme con mi destino, al menos el del día.
La oficina de Roberto queda hacia el final del pasillo, así que atravieso todos los cubículos y siento las miradas de compasión de mis compañeros desde sus asientos. Las ignoro y trato de que resbalen -no resbalan, antes bien, son como trompadas. Finalmente llego a la puerta, golpeo y entro. El ambiente está frío, casi invernal. La habitación está a oscuras casi, apenas iluminada por una lámpara de mesa en la punta de la mesa de caoba. Busco a Roberto en la oscuridad y no lo veo, su sillón parece vacío. De pronto siento un ardor en el estómago mezclado con lo que a mi me parece un estampido seco. Mis ojos se abren, enormes, mientras me llevo la mano al estómago que es donde sentí el ardor intenso y veo como mi camisa Yves Saint Laurent colección primavera-verano Made in France posta y no esas porquerías hechas en Taiwán ahora tiene un pequeño agujero del que emana algo que estimo debe ser sangre. No tengo más remedio que caer sobre mis rodillas para terminar en el piso de bruces, no porque quiera, sino porque las piernas no me responden, tratando en la oscuridad de comprender algo. Entonces siento que una figura se acerca, mis ojos poco a poco pierden el foco y no distingo muy bien de quién son esas piernas. Finalmente lo entiendo, antes de que se cierre todo. Son las piernas de mi esposa, que como todo habitante de esta jungla maravillosa en la que vivimos, ha decidido también dar un paso adelante.
Han pasado seis meses. Ahora vivo en un sexto piso del barrio más pobre de la ciudad. No lo paso mal, desde la ventana veo el edificio de la corporación, y estoy tratando de hacerme con un rifle de mira telescópica, para probar mi puntería. La jungla nunca se detiene, ¿verdad?
Por Lucio Etchamendi
Former Porkusmag CEO
Next Porkusmag CEO
Former advisor for President Batlle: "I told ya! Not everybody is a theft!
Don´t cry asshole! Don´t cry I said!!! Jesus!!!"
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